La perspectiva ética

Pedro M. Sasia

Javier Martínez Contreras

Centro de Ética Aplicada-Universidad de Deusto



En los últimos años, y sobre todo a partir de algunos fenómenos de amplio impacto social como la crisis financiera de 2008 o las consecuencias de la penetración generalizada de ciertas tecnologías de información, comunicación y almacenamiento de datos, ha crecido el interés por la ética, a la que se atribuyen ciertas capacidades para remediar alguno de los males que queremos dejar atrás. Este interés va acompañado también de una reivindicación que surge de significativos espacios sociales sobre la necesidad de dotarnos de mecanismos que nos ayuden a evitar comportamientos personales e institucionales capaces de causar importantes daños a personas y a comunidades, e incluso debilitan los propios lazos que nos ligan como sociedad misma.


Pero no es tan solo el interés o la necesidad lo que caracteriza esta reivindicación social sobre la ética. Se puede observar asimismo una importante dosis de confusión porque, si bien parece que se reconoce la importancia de la ética, apenas hay claridad sobre lo que este reclamo significa, ni mucho menos aquello que cabe esperar de su aplicación en el proyecto de articulación de nuestra sociedad global. Para unos, apelar a la ética remite a un código de normas de comportamiento o principios que todos estamos llamados a respetar. Otros hacen hincapié en los propios procesos de comunicación y deliberación de esos principios y normas, así como de las condiciones reales para su aplicación práctica. Para otros, se trata de una cualidad de las personas no muy distante de lo que podríamos llamar integridad, resaltando la importancia de las cuestiones relacionadas con la trasmisión de dichas cualidades, y los riesgos inherentes a imponerlas.



Sin negar la importancia de estos y otros enfoques a la hora de entender lo que es la ética, para poder realizar una aproximación sistemática, capaz de ordenar y poner en relación todos esos elementos, es importante recordar que eso que llamamos ética es, sobre todo, un arte ligado a procesos de reflexión y deliberación con muchos siglos de pensamiento a las espaldas y no menos carga de conocimiento y sabiduría. Una parte, en definitiva, de la reflexión filosófica que intenta esclarecer qué comportamientos son deseables, adecuados, pertinentes y aceptables, y cuáles no, en función de criterios racionales que todos podemos conocer, debatir y acordar. La ética como racionalidad construida por el pensamiento humano, en un camino cuya evocación permite entender, contextualizar y relacionar los distintos intentos que, a lo largo de la historia, se han venido desarrollando para responder a algunas preguntas que nos permitan saber, no sólo de qué hablamos cuando decimos «ética», sino cómo usar ese saber.


Conviene, antes de entrar en la cuestión en sí, quizá por cortesía, pero también por transparencia, explicar que la tarea de analizar lo que supone la perspectiva ética se aborda en este libro con cierto bagaje acumulado por los autores durante más de 20 años de experiencia docente e investigadora en el ámbito de las éticas aplicadas del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto. Con la perspectiva que ofrece este periplo, han querido recoger, sistematizar y ofrecer esa experiencia desde una doble convicción. La primera es que probablemente eso que han vivido enseñando en las aulas, lo que han pensado y discutido, pudiera ser de cierta utilidad para otros embarcados en similares peripecias. La segunda es que ese conocimiento es fruto de una reflexión compartida, comúnmente discutida y acordada, con cierta capacidad para ser una palanca de transformación social, es decir, con ciertas posibilidades de lograr que pase lo que se dice que sería deseable que ocurriese. No obstante, también se conocen -y se dice explícitamente- los límites del discurso ético, que puede sonar muy convincente y muy sólido, pero es incapaz -como cualquier otro discurso- de sustituir o encorsetar la libertad y la voluntad de los individuos y las sociedades. Un pensamiento que tan solo es capaz -y esto no es poco- de proponer argumentos que, si son lo bastante buenos y se muestran capaces de ser trasmitidos y reconocidos intersubjetivamente, pueden lograr que individuos y colectivos decidan querer configurar sus respectivas formas de vida de conformidad con tales argumentos y principios y aplicarlos.


Puestos a la tarea, una manera posible de sistematizar las distintas cuestiones que es necesario abordar cuando se habla de la ética es hacerlo sobre la base de una serie de preguntas que, yendo y viniendo a lo largo de la historia del pensamiento, han ido conformando un rico mosaico de conceptos y procedimientos que configuran lo que podemos entender como racionalidad ética. Al hilo de las reflexiones sobre la necesidad y la confusión, una pregunta inicial pudiera ser: ¿qué es la ética y por qué podemos poner en ella ciertas esperanzas de transformación social? Parece que con este comienzo se busca, antes de proponer un conocimiento y sus procedimientos, una utilidad esperada que justifique el esfuerzo. Sin embargo, el motivo para empezar de esta manera es que, haciéndolo así, se impone la necesidad de ahondar en una cuestión fundamental para entender la ética: la propia naturaleza de ser con otros del ser humano, y lo que la ética significa como contribución reflexiva al desarrollo de tal condición. Una cuestión cuyo afrontamiento permite abordar la respuesta apropiada a la pregunta sobre lo que es, esencialmente, la ética y revela, asimismo, algunas aristas relevantes, pues la reflexión ética necesariamente se topa con el hecho moral y con la praxis. Pensamiento conectado con una acción que al hacer, nos hace, tanto en el plano individual como en el plano social o colectivo.


Sentadas estas bases, es posible en un segundo momento analizar con el debido rigor la reflexión deliberativa sobre este hacer que nos hace. Una reflexión que, obviamente, no se produce de cualquier manera. Hay formas, marcos conceptuales y metodologías más o menos convincentes o adecuadas para llevar a cabo tal labor. Consecuentemente, la tercera pregunta que es necesario responder es precisamente cómo opera la ética, cómo hace de manera solvente su tarea, indagando en esos procedimientos del pensamiento ético. Hechas y respondidas hasta donde cabe estas tres primeras preguntas, resulta asimismo necesario plantearse los retos que, especialmente en estos tiempos, se enfrentan al definir y realizar su aplicación práctica. Retos entre los que cabe resaltar de forma significativa aquellos relacionados, por un lado, con la necesidad, posibilidad y modos de enseñar ética y, por otro, con la manera de pensar éticamente sobre una realidad social globalizada en cuya articulación influyen decisivamente las organizaciones.


La firme convicción de los autores de que la enseñanza de la ética es imprescindible se puede fácilmente entrever a lo largo de todo el texto, como también se observa con nitidez que dicha convicción no oculta una clara conciencia sobre su complejidad y riesgo, atentos a superar la barrera preventiva que mira a este saber como una suerte de indoctrinación, en lugar de un entrenamiento para el uso cabal de la libertad que se sabe tan responsable como libre. Una complejidad que impone correlativamente la necesidad de explicitar desde dónde se enseña, huyendo de pretendidas neutralidades, y fijando abiertamente una posición a su vez éticamente dilucidada y comprometida que reclama la necesidad de pensar desde el lugar de las víctimas y reconoce como criterio de valoración y juicio lo establecido como inalienable, indivisible, universal e inherente en los derechos humanos. Una enseñanza que, en definitiva, mueva a afrontar el trabajo en el aula con estrategias diferentes que permitan precisamente despertar y entrenar métodos de deliberación prudencial cuyo resultado sea una toma de decisiones con respecto a la acción éticamente argumentables y defendibles conforme a principios compartidos.


¿A dónde nos lleva todo este esfuerzo? Porque claro, por mucho que enseñemos, por mucho que entrenemos, nada reemplaza la voluntad individual que en unas determinadas circunstancias escoge y realiza una determinada acción, no siempre éticamente justificable ni moralmente aceptable. Y no es menos cierto que lo que el texto define como un proceso de construcción cultural a escala global muestra signos evidentes de que es posible en estos tiempos consolidar espacios liberados de toda reflexión ética. Pero también es cierto que es posible mostrar experiencias suficientemente ilustrativas que muestran que transformar los modos de relación social es posible. Que muestran que los contextos, las organizaciones e instituciones, juegan en estos tiempos un papel extraordinariamente relevante en la configuración de los comportamientos de los individuos, de manera que si incidimos también en este nivel, es posible hacer surgir espacios en los que lo normal es el comportamiento éticamente argumentado y correcto, y su contrario la excepción. Esta perspectiva permite, en definitiva, reivindicar que toda ética es, a la vez, personal y política, y tiene un potencial transformador que debe ser explorado y explotado para mejorar la calidad y las condiciones relacionales en las que se despliega nuestra existencia.




Pedro Manuel Sasia es doctor en Química por la Universidad del País Vasco. Actualmente es profesor en la Universidad de Deusto. Su actividad docente se concentra en los grados de Ingeniería y Administración y Dirección de Empresas, así como en el Máster en Ética para la Construcción Social. Sus publicaciones tratan principalmente de Ética de las Organizaciones, Alternativas económicas y Economía Solidaria. Miembro del consejo del Centro de Ética Aplicada, donde coordina la línea de transferencia de conocimiento. Pertenece al equipo de investigación de Ética Aplicada a la realidad social. Otras áreas de interés investigador son Banca Ética y Ética en los Negocios. Ostenta actualmente la presidencia de la Federación europea de banca ética.


Xabier Etxeberria Mauleon es doctor en filosofía y profesor emérito de la Universidad de Deusto, donde ha sido catedrático de ética y director del Centro de Ética Aplicada. Su reflexión ético-política y sus escritos los liga a compromisos cívicos entre los que destacan: el afrontamiento de la violencia de intencionalidad política, en especial la localizada en el País Vasco y Colombia; los derechos de los pueblos indígenas; los derechos de las personas con discapacidad intelectual. Ha sido miembro de Gesto por la Paz y ha colaborado con la Dirección de Atención a Víctimas del Terrorismo, del Gobierno Vasco.


Javier Martínez Contreras es licenciado en Filosofía y en Ciencias de la Religión y doctor en Filosofía por la Universidad de Deusto. Actualmente es profesor en la Universidad de Deusto y miembro del Centro de Ética Aplicada. Su actividad docente se concentra en las áreas de Ética Profesional y Ética Social, así como Ética de la Globalización en el máster en Ética para la Construcción Social. Ha sido Wissenschaftlicher Mitarbeiter del Institut M.-D. Chenu Espaces Berlin (Alemania), profesor invitado en el TEC de Monterrey (México) e investigador invitado en el Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coimbra (Portugal). Sus publicaciones giran en torno a temas de estética, ética y filosofía política, y problemas de la filosofía contemporánea. Pertenece al equipo de investigación Ética Aplicada a la Realidad Social.


Galo Bilbao Alberdi es licenciado en Filosofía y Teología y doctor en Teología por la Universidad de Deusto. Actualmente es profesor en la Universidad de Deusto y miembro del Centro de Ética Aplicada. Su actividad docente se concentra en diversos grados de Ingeniería donde imparte la asignatura de Ética Profesional y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas donde imparte las asignaturas de Moral Fundamental y Moral Social, así como en el Máster en Ética para la construcción social donde imparte la materia Ética y problemática cultural. Sus publicaciones tratan principalmente de ética social y política. En los últimos años ha estado trabajando en educación para la paz, especialmente desde la conflictividad vasca y sus víctimas. Pertenece al equipo de investigación Ética Aplicada a la Realidad Social. Otras áreas de interés investigador son la ética profesional y tecnocientífica.