Ciencia y cientificismo en Unamuno

Alicia Villar Ezcurra




Alicia Villar Ezcurra, Catedrática de Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas, imparte las asignaturas de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea y Filosofía Española.


Interesada por los filósofos que analizan la vida y las pasiones humanas, ha dedicado gran parte de sus publicaciones al pensamiento de Pascal, Rousseau y Unamuno, y a los temas de la solidaridad, el sufrimiento, la compasión y a El irracionalismo (Ed. Síntesis). Entre sus publicaciones dedicadas a Pascal destacan: Pascal: ciencia y creencia, la edición de la Conversación de Pascal con el Sr. De Saci (Sigueme), Pascal: pensar sin límites (estudio introductorio a las Obras de Pascal (Gredos, 2012), y los artículos: “El yo inasible de Pascal”, Revista Isegoría) “Pascal y su lectura de Unamuno” (Revista Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno). Sobre Rousseau publicó los libros Voltaire-Rousseau: en torno al mal y la desdicha (Alianza Editorial), Rousseau: Cartas o Sofía (Alianza), y Rousseau 1712-1778 (Ediciones del Orto).


Sobre Miguel de Unamuno ha publicado artículos de revistas (Pensamiento, Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, Contrastes, Revista Iberoamericana de Filosofía) y capítulos de libro (Antrophos, Fontamara, Diálogo filosófico). En 2011 publicó el escrito inédito de Miguel de Unamuno, titulado Mi confesión (Sígueme/Universidad Pontificia Comillas), edición que fue ampliada con nuevas notas inéditas en el año 2015. Su reciente publicación de los Escritos sobre la ciencia y el cientificismo, de Miguel de Unamuno, incluye dos nuevos escritos inéditos localizados en la Casa Museo Unamuno en Salamanca (ed. Tecnos, 2017) y es el resultado de la investigación sobre el tema religión-ciencia en este autor.






Miguel de Unamuno. ESCRITOS SOBRE LA CIENCIA Y EL CIENTIFICISMO,

edición de Alicia Villar Ezcurra, Tecnos, Madrid, 2017


La extensa obra de Miguel de Unamuno (1864-1936), la diversidad de géneros empleados y de temas tratados, unido a su carácter polémico y apasionado, no facilita la tarea de comprender la complejidad y evolución de su pensamiento, en este caso, sobre la ciencia. Como he citado en el estudio introductorio del libro, Miguel de Unamuno se definió a sí mismo como “un espíritu en movimiento” (Carta a Bernardo González de Candamo, 5 de marzo de 1902), sin embargo, su postura sobre la ciencia quedó fijada en la frase: “¡que inventen ellos!”. Incluida en su Diálogo: El Pórtico del Templo y más tarde en Del sentimiento trágico de la vida, se repitió como un perfecto resumen de su postura al respecto, sin atender a su evolución ni a los múltiples debates en los que participó.


Sin embargo, Unamuno señalaba que de todas las esclavitudes, la que más temía era la que esclaviza al propio pasado y a las ideas que un tiempo profesó (Sinceridad y convicciones, 1903, p. 147). Siempre admirador de Darwin y de los grandes científicos, desde finales de siglo criticó al intelectualismo y fue acentuando sus críticas al reduccionismo de los positivistas y cientificistas que despreciaban todo lo que no se ajustaba al método científico y no dejaban espacio para la filosofía ni la religión.


La edición del libro Escritos sobre la ciencia y el cientificismo de Miguel de Unamuno responde a un doble objetivo: dar a conocer diversos textos, de fechas y géneros muy distintos, que se encontraban dispersos en varios volúmenes de sus obras completas, y mostrar el trasfondo y la pluralidad de temas que plantea a propósito de la ciencia. Para ello, los escritos y la selección de su correspondencia se han ordenado cronológicamente. Se han distinguido cuatro grupos: sus escritos sobre la Universidad y su Discurso sobre Darwin; ensayos y escritos; cuentos e inéditos y por último una selección de su correspondencia.


La selección no tiene ánimo exhaustivo y no se incluyen las referencias sobre la ciencia que se encuentran en obras más accesibles como En torno al casticismo, Amor y pedagogía, El Tratado sobre el amor de Dios, y Del sentimiento trágico de la vida. Dada la diversidad de los debates contenidos en los escritos seleccionados, el estudio introductorio señala algunas claves del contexto del fin de siglo en España, la situación de la ciencia y el clima intelectual propio de la crisis finisecular. También se aborda la propia evolución personal e intelectual de Miguel de Unamuno. Las reflexiones de Unamuno sobre la ciencia se enmarcan en distintos debates: en primer lugar sobre la misión de la enseñanza (Sobre la enseñanza superior en España, La enseñanza universitaria, Algo sobre autonomía universitaria), en los que constata su atención al modo en que se debe enseñar en la Universidad, y la necesidad de que el Estado apoye la labor de los científicos. La admiración por la figura y la obra de Darwin se condensa en el Discurso de Unamuno sobre Darwin (22 de febrero de 1909), pronunciado en la Universidad de Valencia con motivo del homenaje al científico en el centenario de su nacimiento, y en el que destacó el influjo innegable de su teoría.


En el segundo grupo de escritos (Artículos y Ensayos) están presentes los temas siguientes: la cultura y la ciencia en España con relación a la cultura europea moderna (Sobre la europeización, Sobre la Filosofía Española), la crítica al cientificismo (El pórtico del pueblo, Cientificismo, Escepticismo fanático, La vertical de Le Dantec), el mérito de los investigadores y las dificultades que padecen para avanzar en sus descubrimientos (El pedestal, Prólogo a la obra “Orígenes del conocimiento” de Ramón Turró, Nicolás de Achucarro, De los recuerdos de la vida de Cajal).


En varios de los escritos se abordan otros temas y a veces las referencias sobre la ciencia tienen un carácter ocasional (Sobre la Filosofía Española, El secreto de la vida, Verdad y Vida). La ordenación cronológica permite enmarcar el contenido de su postura, por ejemplo de El Pórtico del templo (1906), del mismo año que El secreto de la vida, donde Unamuno se esfuerza por distinguir la ciencia de la sabiduría, tema al que alude en sus cartas a José Ortega y Gasset, del mismo año e incluidas en la selección de la Correspondencia. Ahí se inserta su crítica al cientificismo, pues aunque Unamuno defienda la auténtica ciencia, fruto de la creación de los investigadores, también denuncia a los pseudo-científicos y los cientificistas que convierten a la ciencia en un ídolo al que adorar. Este es el sentido de expresiones como: “odio la ciencia” y otros exabruptos similares.


El estilo de los textos es plural, pues se incluyen discursos, artículos, ensayos, diálogos, y también relatos. En algunos momentos, Unamuno expresa el trasfondo trágico de su pensamiento (El secreto de la vida) y en otros su humorismo (La vertical de Le Dantec, Tecnópolis, Eruditos, ¡a la esfinge!). En una carta a Ramón y Cajal dirá: “donde entra la ciencia, la verdadera y no la pedantería estadística de los cientificistas, entra la tragedia. Pero es a la vez la única cura de la tragedia misma” (Carta del 4-04- 1917, p. 423). Ejemplo de su imaginación creadora es el cuento de “ciencia-ficción”, Mecanópolis (1913), donde un hombre se descubre solitario y perdido en una ciudad desierta regida por las máquinas, y expresa su temor de que dominen la tierra deshumanizada.


Se han incluido dos textos breves (Ciencia y Literatura, La vida y la ciencia,) que no habían sido publicados en sus Obras Completas y cuyos manuscritos originales se conservan en la Casa-Museo de Unamuno en Salamanca. En Ciencia y Literatura, al exponer algunas observaciones propias de su investigación filológica señala la importancia de los hechos para el quehacer científico. En La vida y la ciencia, a propósito del relato del Génesis sobre el árbol del bien y del mal, Unamuno se pregunta cuándo se unirán las copas y raíces del árbol de la ciencia y de la vida. Es la pasión por conocer, destaca, lo que nos lleva a probar los frutos del árbol de la ciencia. Por último, la selección de cartas incluidas en el libro permitirá seguir la evolución del pensamiento y apasionamiento de Unamuno.


Es de agradecer a la editorial Tecnos y a la colección Los Esenciales de Filosofía, la publicación de esta selección que permite acceder a escritos distribuidos en los volúmenes de sus Obras completas y no siempre accesibles. Seguidamente incluyo algunos de los textos que permitirán a los lectores interesados introducirse en el pensamiento de Unamuno.




TEXTOS de ESCRITOS SOBRE LA CIENCIA Y EL CIENTIFICISMO


CIENCIA Y UNIVERSIDAD


De la enseñanza Superior en España, 1899

“Fe, verdadera fe en la ciencia, conciencia clara del poder de ésta, lo cual equivale a conciencia de sus límites, apenas la he encontrado más que en esos a quienes se moteja de escépticos, en los que aman más el ejercicio de la caza que el engullirse la pieza cazada” ( p. 12)

“..cuando uno de los llamados especialistas hace de veras progresar la ciencia, es por ser un enciclopedista de lo especial, un filósofo que ve el universo todo en una gota de agua.” (p. 48)


Algo sobre autonomía universitaria, 1919

La alta cultura, la filosofía, la ciencia pura, las especulaciones desinteresadas, todo lo supremo intelectual, es flor de estufa en casi todas las sociedades, y más aún en la nuestra; es hija del espíritu y perecería si quedase sin el concurso de las demandas públicas” (p. 86)

“¡Hacer ciencia! En nuestros países la gente no busca sino ciencia ya hecha y aplicable. Y si el Estado no acudiera a sostener a los puros científicos, a los que hacen ciencia sin preocuparse de su aplicación, o tendrían que dedicarse a ello los ricos-fue el caso de Darwin- o no habría quien lo hiciese, y esto es lo seguro” (p. 130-131)

“Y siempre resultará que la ciencia pura, el saber desinteresado, la investigación que no se propone más que ensanchar nuestro conocimiento del universo y de la vida, todo esto necesita la protección del Estado” (p. 132)


SOBRE LA DISTINCIÓN DE LA CIENCIA Y LA SABIDURÍA


El Pórtico del templo, diálogo divagatorio entre Román y Sabino, dos amigos ,1906

“Román.- Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovechamos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como donde allí se inventó… … Sabino.- Es que, además, la ciencia no sólo tiene un valor práctico o de aplicación a la vida mediante la industria, sino que lo tiene también ideal y puro… (p. 175)

Roman.-Sí, es zaguán para la sabiduría, ya que por ella nos hacemos un concepto del Universo y de nuestro lugar y valor en él. La ciencia es el pórtico de la filosofía. ¿No es eso? Sabino.- Sin duda alguna Román.- ¿Y si el templo de la sabiduría tuviese, mi buen Sabino, alguna puerta trasera disimulada en el espesor de sus muros, por donde se pueda entrar sin necesitar de zaguán ni porche alguno?” (p. 176)

Román.-… Todas las grandes obras de sabiduría han sido hijas de amor verdadero, es decir, doloroso. Cuando en una obra de ciencia encuentres sabiduría, no te quepa duda alguna de que la dictó una pasión, una pasión dolorosa y mucho más honda y entrañable que esa miserable curiosidad de averiguar el cómo de las cosas”. ( p. 178)


El secreto de la vida, 1906

“…Un libro de ciencia puede aportar mucho caudal nuevo a ella y ser, sin embargo, perfectamente impersonal. Pero hay otras obras también de exposición científica, y no más que de exposición científica, en las que, aparte de la novedad y verdad de los principios en ellas revelados, hay en su trama, en su tono, en el espíritu oculto que las anima, un quid mirificum, un algo misterioso que las hace duraderas y fuente de enseñanzas hasta cuando los principios en ellas expuestos son del común dominio o han sido acaso rectificados, o rechazados tal vez. Y estas obras de ciencia inmortales, inmortales porque su vida no depende de la vida de la ciencia a que sirvieron, son obras que proceden de secreto de vida, tienen su raíz en algún misterio de tribulación (pp. 191)


Cientificismo, 1907

“Parodiando una frase célebre, puede decirse que poca ciencia lleva al cientificismo y mucha nos aparta de él. La semiciencia, que no es sino una semiignorancia, es la que ha producido el cientificismo. Los cientificistas -no hay que confundirlos con los científicos, repito una vez más-apenas sospechan el mar desconocido que se extiende por todas partes en torno al islote de la

ciencia, ni sospecha que a medida que ascendemos por la montaña que corona al islote, ese mar crece y se ensancha a nuestros ojos, que por cada problema resuelto surgen veinte problemas por resolver…” (Cientificismo, p. 236).


SOBRE LAS DIFICULTADES QUE SUFREN LOS INVESTIGADORES


“Así toda investigación original y propia en estos medios es, a mi juicio, entonces, una forma de heroísmo. Creo que el que llega a producir aquí, en cualquier orden de actividad original, algo simplemente mediano, vale más intelectualmente y muchísimo más moralmente, desde el punto de vista de la voluntad sobre todo, que un notable productor europeo.

Esto mismo lo hemos dicho aquí aplicándolo concretamente a Ramón y Cajal. La labor de este eminente histólogo, aquí en España, supone un heroísmo y una fuerza de voluntad muchísimo mayores que la de cualquier otro eminente investigador alemán, francés, inglés o italiano. Y lo mismo digo de la obra de Menéndez Pelayo, de un Menéndez Pidal, de un Salillas, de otros” (El pedestal, 1910, p. 269-270)



UN MUNDO HABITADO Y GOBERNADO POR MÁQUINAS


Mecanópolis, 1913

“No pude ya resistir esto de verme compadecido por aquellos misteriosos seres invisibles, ángeles o demonios -que es lo mismo-, que yo creía habitaban Mecanópolis. Pero de pronto me asaltó una idea terrible, y era la de que las máquinas aquellas tuviesen su alma, un alma mecánica, y que eran las máquinas mismas las que me compadecían. Esta idea me hizo

temblar. Creí encontrarme ante la raza que ha de dominar la Tierra deshumanizada.

Salí como loco y fui a echarme delante del primer tranvía eléctrico que pasó. Cuando desperté del golpe me encontraba de nuevo en el oasis de donde partí. Eché a andar, llegué a la tienda de unos beduinos, y al encontrarme con uno de ellos, le abracé llorando. ¡Y qué bien nos entendimos aun sin entendernos! Me dieron de comer, me agasajaron, y a la noche salí con ellos, y tendidos en el suelo, mirando al cielo estrellado, oramos juntos. No había máquina alguna en derredor nuestro (Mecanópolis, p. 342)



INÉDITOS


Ciencia y Literatura

“Ir a la rebusca de un hecho nuevo, de un pobrecito hecho, de un hechillo pequeñín y humilde, es doblar la cerviz a la gran maestra: la Verdad. La ciencia suele ser la más abonada escuela de humildad, de sencillez, de desprendimiento; la investigación científica es el más provechoso ejercicio espiritual, la ascesis que más purifica al espíritu. “No como yo quiero, Realidad, si no como tú quieres”. (Ciencia y Literatura, p. 344)


La vida y la ciencia

“La pasión sí, la pasión es uno de los más poderosos factores de progreso. Y entre las pasiones se cuenta la pasión por conocer, el impulso pasional que nos lleva a echar mano a los frutos del árbol de la ciencia.

¿Es que no existe acaso, aunque por desgracia sea muy rara, la pasión científica? ¿No es ella, o más bien la pasión filosófica la que anima los excelsos diálogos de Platón, aquellos pequeños dramas en que la razón, el logos, personificado a cada paso, es el protagonista?

Sin alguna pasión difícil es que la ciencia ilumine; toda luz supone algún fuego, por pequeño que sea. ” (La vida y la ciencia, p. 355)