El materialismo dialéctico: sistema e historia

Venancio Andreu Baldó


La dialéctica materialista atraviesa toda la obra de Marx y de Engels en su período de madurez, sin que estos sin embargo la haya sistematizado nunca de forma completa —sí esbozado en Prefacio a una Contribución a la crítica de la economía política— tal vez por no haberlo considerado la tarea más urgente. Dice L. Althusser:


Miremos a Marx. Escribió diez libros así como ese monumento que es El Capital sin ni siquiera escribir una Dialéctica. Habló de escribirla, pero nunca la empezó. Nunca encontró el tiempo. Lo que significa que nunca se tomó el tiempo, porque en ese período la Teoría de su propia práctica teórica no era esencial para el desarrollo de su teoría, esto es, para los frutos de su propia práctica.


Por ello nuestro objetivo central en este trabajo es tratar de exponer, de forma sistemática y a través de los que consideramos sus representantes históricos claves, la ontología de Marx y Engels, el materialismo dialéctico por el que tomamos claramente partido, en sus contenidos teóricos básicos, en su aplicación, especialmente, a la sociedad capitalista, y en sus propuestas ético-políticas. De paso trataremos de mostrar sus coincidencias y discrepancias con la filosofía hegeliana, y analizar las desviaciones tanto subjetivistas como deterministas-revisionistas, que encontramos en los diversos autores que nos servirán de guía.


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Hay marxistas, como L. Althusser —o el K. Korsch maduro de la década de los 30, quien renuncia con ello a su defensa anterior del marxismo como filosofía teórico-práctica— que restan importancia al estudio de la dialéctica, por considerar que lo importante en Marx es su método de análisis o investigación. Nosotros creemos por el contrario, siguiendo en ello a I. Mészáros, que la gran superioridad de Marx estriba precisamente en haber insertado su antropología inicial en un marco ontológico adecuado, en una filosofía adecuada: la ontología del materialismo dialéctico. También sostenemos, con Lenin, que es fundamental una clarificación filosófica, sistemática, del marxismo, y ello no solo por la búsqueda de la verdad, en sí importante, y porque ello nos permite conocer el mundo en que vivimos, el capitalismo, sino por la finalidad práctica, más que urgente en el momento actual, de buscar un punto de unión en el pensamiento revolucionario contemporáneo que pueda dar lugar a una práctica emancipadora, eficaz. Dice Lenin:


Nada es más importante que agrupar a todos los marxistas que han comprendido la profundidad de la crisis y la necesidad de combatirla, en torno a la defensa de la base teórica fundamental del marxismo y de sus propuestas fundamentales, que están siendo distorsionadas, desde lados diametralmente opuestos, por la difusión de la influencia burguesa entre los varios «compañeros de viaje» del marxismo.


Partimos para nuestro estudio de una división analítica de la «dialéctica» en cuatro apartados, a los cuales reconocemos entidad teórica autónoma propia: dialéctica de lo concreto y lo abstracto, del todo y las partes, del objeto y el sujeto y, finalmente, de la teoría y la praxis. No obstante comprobaremos que, superando el marco formal analítico, dichos apartados presentan a su vez una naturaleza dialéctica, y ello en un doble sentido: cada una de ellos consta de múltiples subdivisiones de la realidad imbricadas dialécticamente, y ellas mismas, a su vez, están dialécticamente entrelazadas, conformando ese «todo» que es la realidad dialéctica y su plasmación teórica, la filosofía del materialismo dialéctico. Queremos por lo demás hacer tres aclaraciones teórico-metodológicas en este momento. En primer lugar creemos que estas cuatro subdivisiones se corresponden tanto a la realidad como a la teoría marxista que intenta captarlas. Parafraseando a Spinoza, el pensamiento dialéctico supone sostener que «el orden y conexión de las cosas es el mismo que el orden y conexión de las ideas». Engels dice: «La dialéctica aprehende las cosas y sus representaciones, ideas, en su conexión y concatenación esenciales, en su movimiento, origen, y final». Lukács afirma en el mismo sentido: «Porque la comprensión dialéctica solo es siempre la forma conceptual del hecho real dialéctico». Sartre dirá más tarde: «La razón dialéctica elucida al tiempo el movimiento de lo real y el de nuestros pensamientos, y elucida el uno con el otro».


Queremos aclarar en segundo lugar que en nuestro estudio siempre nos referimos a la realidad social, humana, histórica, y no a la realidad natural, la cual, si bien presenta sin duda elementos dialécticos, como señalaba Engels, no alcanza a nuestro juicio una conformación dialéctica total, como creemos que sí se da en el hecho social, que en todo caso es el ámbito de la realidad que nos interesa en este estudio. Por último somos conscientes de que la filosofía marxista en su forma real, no vulgarizada, presenta históricamente varias denominaciones, y en concreto tres: materialismo dialéctico, materialismo histórico y filosofía de la praxis. Las tres tienen su razón de ser, pero escogemos la primera por considerar que el término «dialéctica» recoge los múltiples rasgos de la realidad social de forma más completa que el término «histórico», y por supuesto que el término «filosofía de la praxis», de la misma manera que el término «adialéctico» revelaría con más nitidez las deformaciones del materialismo vulgar.


El análisis del materialismo dialéctico nos debe permitir a su vez cumplir en este trabajo con otros objetivos, secundarios pero también esenciales: mostrar la naturaleza completamente distinta de los dos materialismos arriba mencionados, y entender la división entre pensamiento dialéctico y adialéctico como una división profunda y real que atraviesa la historia del marxismo, y que se mantiene hoy día; señalar que el materialismo adialéctico no es una mera casualidad, o el mero fruto de la cobardía de determinados dirigentes marxistas, sino sobre todo la consecuencia lógica de unas realidades económicas, políticas e ideológicas de una fase del capitalismo, y, entre otras cosas, de la aparición de una aristocracia obrera y, después, de la burocracia estalinista; revelar las coincidencias profundas entre el pensamiento socialdemócrata, en el sentido moderno del término, y el estalinista, tanto en torno a la praxis oportunista como, en el plano de la teoría, en torno al materialismo adialéctico. K. Korsch sostenía:


Ya se ha hecho una análisis materialista, esto es, histórico, crítico y adogmático, del marxismo ortodoxo «kautskiano» de la II Internacional. Ahora debe extenderse al marxismo ortodoxo «leninista» —estalinista, en nuestros términos— de la III Internacional. […] Porque el «marxismo-leninismo» de hoy es solo el último brote de esa historia.


Pretendemos también defender que el marxismo dialéctico es aquel que se mantiene fiel tanto a la teoría y praxis de Marx y Engels como a los intereses de la clase obrera, siendo el único pensamiento capaz de encabezar, y llevar a buen término, la emancipación de todos los oprimidos.


Desde una perspectiva puramente filosófica, pretendemos mostrar asimismo la confluencia del materialismo adialéctico con el pensamiento burgués. En concreto el materialismo adialéctico adopta dos formas filosóficas burguesas, el empirismo o materialismo vulgar y el determinismo materialista, necesariamente teleológico. Son dos concepciones abstractas que no tienen en cuenta la concreción y complejidad de la realidad, de su legalidad, así como tampoco ni la participación de los sujetos en la misma ni su historicidad. Asimismo ambas confluyen fácilmente: la postulación de unos principios materiales supuestamente empíricos, y su validación como generales —junto a la supresión de la acción sustantiva del sujeto—, lleva fácilmente a la hipóstasis determinista de los mismos. En segundo lugar sostenemos que el determinismo materialista es en última instancia una forma, invertida, del idealismo objetivo, en definitiva un pensamiento metafísico cercano al Hegel metafísico al que supuestamente se opone. En otros términos, podemos decir que todo materialismo o bien es dialéctico, y entiende la realidad como algo concreto, o bien no es realmente materialismo, sino pseudomaterialismo o metafísica espiritualista —idealismo objetivo— invertido.


El empirismo o materialismo vulgar y el materialismo determinista, al igual que la metafísica idealista de corte hegeliana, coinciden asimismo en la negación de dos de las dialécticas reales básicas establecidas por el materialismo dialéctico: la de objeto-sujeto —incluida la de naturaleza e historia— y la de sistema-historia. El primero reduce tanto el sujeto como la historia a la mera particularidad, sin entender su componente objetivo, la condición de ser social del primero, y la naturaleza legal de la segunda. El materialismo determinista y la metafísica idealista por su parte eliminan la acción real del sujeto de la vida social, y por tanto se muestran incapaces de concebir una historia sustantiva, no meramente sucesión programada de sistemas, como en el materialismo determinista, o despliegue del espíritu, como en el idealismo. De esta manera se establecen dos falsas contraposiciones —la de sistema frente a historia, y la de saber o ciencia frente a humanismo o «ética pura», o «ser» frente a «deber ser»— que recorren todo el pensamiento burgués desde Kant. En otros términos, el pensamiento burgués empírico-determinista, y con él el materialismo adialéctico que lo asume, se muestra incapaz de ir más allá de la segunda y tercera antinomias que postulara Kant —la de lo simple y compuesto y la de libertad y necesidad— que para el materialismo son momentos mutuamente imbricados de una misma realidad.



Venancio Andreu Baldó trabaja como profesor en un Instituto de Educación secundaria en Asturias. Es licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, Licenciado en Antropología Social y Cultural por la UNED, y Doctor en Filosofía por la Universidad de Murcia. Su tesis doctoral lleva por título Heinrich Mann: un ilustrado en tiempos de oscuridad. Ha publicado diferentes ensayos —entre los que destacan La Tragedia del Riff y El mundo en que vivimos: un análisis marxista, en dos partes—, reseñas de libros y traducciones al castellano de textos de filosofía. Este es su primer libro propiamente dicho, y recoge las dos grandes inquietudes del autor: un «rescate» de la filosofía marxista o materialismo dialéctico frente a sus diversas e interesadas tergiversaciones históricas, y la actualidad de la misma como teoría y como praxis, esto es, como herramienta tanto para entender como para superar la actual sociedad capitalista.




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