Expresiones artísticas del horror

Manuel A. Broullón-Lozano

Paula Velasco Padial

El horror tiene un rostro atractivo. No solo se nos presenta como parte indisociable de nuestra realidad, sino que hemos hecho de él uno de los motivos favoritos de cualquier representación. La fascinación por lo horrible no es única de nuestros tiempos, en los que parece que la crisis —económica, pero también a los niveles político, social e incluso de valores— ha llevado a ensalzar la figura del antihéroe y a recuperar viejos temores latentes. Ya la tragedia griega hacía uso de estos motivos: sus personajes sufrían ante los designios de un destino inexorable la irreversible caída en desgracia hasta la extenuación; ante lo que el espectador, conmovido por un profundo sentimiento de piedad, podía alcanzar un saber catártico, purificador.


La mayoría de las expresiones artísticas de todos los tiempos se han empapado de esta fascinación por el horror. A saber: muchas de las grandes obras hoy consagradas como canónicas en nuestra cultura hacen uso de lo horrible como una fórmula acertada para alcanzar un bien mayor, que generalmente está vinculado con la experiencia de acceso al conocimiento; pero que también puede estar enfocado a llamar a la acción en contra de ese horror. Las representaciones del infierno y sus torturas a través del arte paleocristiano y, sobre todo, en el medioevo próximo al fin del primer milenio, son el ejemplo más evidente. El horror entonces no solo es instructivo, se convierte más adelante, con la Contrarreforma, en un poderoso agente de persuasión y en elemento propagandístico.


Con el paso de los siglos, las artes siguieron interesadas en mostrar la experiencia del horror y sus consecuencias. Con metal y tinta, Francisco de Goya grabó los episodios más tremendos de la ibérica Guerra de la Independencia y exploró los más profundos abismos del orgulloso ser humano, al tiempo que las pesadillas y sus monstruos comenzaron a acaparar la atención de los artistas de todo el siglo XIX, el siglo del romanticismo en su reacción antirracionalista contra el Siglo de las Luces. Entonces se plantea la pregunta: ¿puede lo horrible ser arte?


Hoy el horror reaparece bajo nuevas máscaras, al mismo tiempo que pugna por ser desvelado, por manifestarse, por ser representado a toda costa como índice de verdad y de autenticidad en los textos. La vida y nada más, en toda su crudeza, como ya había prometido el realismo literario. Así es que el impacto informativo que ofrece el fotoperiodismo, la inmediatez de la red de redes o la cotidianeidad de ese continuum parlanchín de la televisión han convidado al horror a pasar a nuestras vidas como un invitado más a la mesa de cada día. Hasta tal punto de que las fronteras entre la verdad (parece y es) y el simulacro (parece pero no es) llegan a ser difusas o, tal vez, el sujeto llegue a ser completamente indiferente a esta distinción.


En el contexto actual, tanto las artes canónicas como el arte post-industrial de grandes y pequeños productores de entretenimiento a través del cine, la televisión y, sobre todo, de los videojuegos, se ha servido de los tópicos poéticos, dramáticos y narrativos del horror; de sus ciclos iconográficos y hasta las pasiones que estos suscitan para construir nuevos productos culturales. En la mayoría de ellos, además, ya no existe aquel implícito moralizante que se le presuponía a las artes clásicas. Por el contrario, las escenas de violencia extrema se reproducen por y para puro divertimento del espectador. Si estas obras son capaces de producir en nosotros una experiencia estética eufórica o disfórica, entonces aparece en el horizonte una segunda pregunta: ¿cómo es posible disfrutar del horror?



Estas fueron las preguntas que se propusieron a los participantes de las dos ediciones de las Jornadas Expresiones Artísticas del Horror, celebradas en la Universidad de Sevilla los días 3 de abril de 2014 y 11, 12 y 13 de marzo de 2015, respectivamente. La segunda de estas Jornadas, que conquistó la proyección internacional, reunió a jóvenes investigadores de todo el mundo para debatir desde una perspectiva interdisciplinar sobre la problemática que de aquí se desprende. Además, sus organizadores, dos de aquellos jóvenes investigadores que participaron, plantearon las jornadas no solo como actividad teórica, sino que también hubo lugar para la práctica y para la experiencia estética del horror. Es por ello por lo que los debates agrupados por afinidades disciplinares (pero siempre abiertos a todas las metodologías y puntos de vista, tanto académicos como no académicos) se complementaron con la reflexión llevada a cabo por varios artistas, que utilizaron la ilustración como canal privilegiado para plantear las mismas cuestiones que se estaban tratando en el interior de la sala de conferencias.


Dicha muestra plástica sobre la representación del horror no fue la única actividad no estrictamente académica programada. Además, los asistente tuvieron la oportunidad de conocer y conversar con los creadores de uno de los más relevantes juegos de terror indie del momento: The last door. Con un formato de mesa redonda que los creadores de aquel equipo interdisciplinar compartieron con investigadores de probados méritos en el campo de los videojuegos, el público pudo preguntar e insistir en el modo en el que un formato emergente tan en boga como es este logra infundir horror a través de píxeles al mismo tiempo que trata de generar una experiencia atractiva e inmersiva para el jugador, «persuadido» de la realidad simulada por aquel universo fantástico.


Todas estas visiones aplicadas del horror se compaginaron con un gran número de conferencias plenarias de investigadores senior, ponencias monográficas y comunicaciones breves de investigadores vinculados a disciplinas muy distintas con un mismo interés común: el horror. El grueso de las contribuciones podrían catalogarse como pertenecientes al ámbito de los estudios culturales, pero también tuvo una gran presencia la reflexión sobre la semiótica del horror, al tiempo que no se olvidó en ningún momento el planteamiento estético. En este sentido, fueron varias las instituciones y sociedades que se interesaron por participar activamente en las mesas y debates. De una parte, el apoyo desde el campo de la Filosofía Estética lo garantizó la Sociedad de Estética y Teoría de las Artes (SEyTA) a través de varios representantes, mientras que la Asociación Española de Semiótica (AES) organizó un diálogo entre dos miembros de su junta directiva en torno al célebre volumen de A. J. Greimas y J. Fontanille Semiótica de las Pasiones y un seminario monográfico en colaboración con el Grupo de Investigación en Literatura, Transtextualidad y Nuevas Tecnologías (HUM-550) con varias calas en los discursos literario, pictórico, cinematográfico y musical. Finalmente, a un colectivo de jóvenes investigadores de importante recorrido como es la Liga de Investigadores en Comunicación, se le encomendó la organización de un debate en torno a la figura del asesino en serie en la denominada Quality Television, redundando en estas ideas que en un principio podrían parecer paradójicas como son el reclamo estético y el horror representado sin disimulo alguno, es más, bajo una forma estética.


Así pues, de la fotografía documental a los planos más viscerales de una serie de televisión dirigida a un público exigente como es Hannibal, de los monumentos consagrados al recuerdo del horror del Holocausto o las ejecuciones en riguroso directo del Estado Islámico hasta las más profundas oscuridades representadas por la ópera y la literatura del siglo XIX, todas las aportaciones tuvieron un denominador común: ¿qué tiene el horror, que al mismo tiempo provoca en nosotros, en todas las épocas, en todas las culturas, miedo, terror y fascinación?



Manuel A. Broullón Lozano (Cádiz, 1987): Licenciado en Comunicación Audiovisual (2005-2010) y título oficial de Máster en Artes del Espectáculo Vivo (2010-2011) por la Universidad de Sevilla, es becario pre-doctoral del V Plan Propio de Investigación US en el Departamento de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura. Es secretario del Grupo de Investigación en Literatura, Transtextualidad y Nuevas Tecnologías: aplicación para su enseñanza en Andalucía (HUM-550) y vocal en la Junta Directiva de la Asociación Española de Semiótica. Participa además en el proyecto de I+D del Plan Estatal 2013-2016 «Retos» (Ministerio de Economía y Competitividad) titulado «Dinámicas de Relación Ante el Cambio Social: Contextos, Contenidos, Productores, Público y Produsuarios en las Noticias de Tve e Yle» (Referencia: CSO2013-45470-R), dirigido por María Lamuedra Graván y Manuel Ángel Vázquez Medel como Investigadores Principales.


Paula Velasco Padial (Granada, 1988): Licenciada en Comunicación Audiovisual, licenciada en Bellas Artes y título oficial de Máster en Filosofía y Cultura Moderna por la Universidad de Sevilla, es becaria pre-doctoral del VI Plan Propio de Investigación US en el departamento de Estética e Historia de la Filosofía. Es coordinadora de Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes y responsable de redes sociales de SEyTA.